Como todos sabemos, desde hace un tiempo la sostenibilidad y el cuidado (del medio ambiente, los recursos, los animales y las personas) en la industria de la moda, viene siendo razón de interés para una sociedad cada vez más sedienta de transparencia, autenticidad y factores que marquen la diferencia entre los miles de marcas que solían hacer un poco de lo mismo. Digo solían porque esto es algo que aunque aún tiene bastante camino por recorrer, ha ido cambiando y convirtiendo esta premisa en algo casi imperativo para tener visibilidad en el mercado y con las generaciones actuales como una nueva “revolución de la moda” interseccional que concierne a todos, incluyendo los consumidores que quieren ser cada vez más responsables.
El cuero natural es uno de los materiales más tradicionales de las vestimentas. Ha estado presente desde hace siglos e incluso en civilizaciones pasadas como los asirios, babilonios, hebreos, griegos y romanos quienes hacían uso de este alrededor del año 1300. Proviene de varios animales como el bovino (vacas), caprino (cabras), porcino (Cerdos), equino (Caballos), Reptil (Cocodrilos, babillas, etc.) y para convertirse en un material ideal para elaborar prendas o accesorios, pasa por varias fases, primero se remueve el pelo de la piel, luego el cuero es sometido a un proceso que se llama curtido donde se trata químicamente para fortalecerlo, una vez curtido, el cuero es tratado de distintas maneras para determinar su acabado y color, es decir, para teñirlo.
Está claro que detrás de este proceso, hay animales que son críados específicamente para “fines textiles”, y es por esto que las alarmas se encienden, las preocupaciones crecen y la conciencia y protesta cada vez más fuertes por los problemas medioambientales y los derechos de los animales, lleva a la toma de acciones y movimientos que condenan el consumo de carne y el uso de pieles de animales en la producción de prendas, marroquinería o accesorios de moda y lujo.
No cabe duda que la piel o el cuero natural es el imprescindible más atemporal sobre todo en el sector del lujo y la gente que ha trabajado en él por décadas, nunca pensó renunciar del todo a esta forma de hacer artesanía, aun si la sostenibilidad entraba en conversación, razón por la cual la industria ha buscado alternativas en los últimos 10 años para darle una cara más amable a la producción de este material e incluso un nuevo nombre más “responsable” que se ha abierto camino en todas las industrias hoy.
El término “vegano” toma mayor importancia y ha visto su popularidad en términos de sostenibilidad, como respuesta a las controversias y cuestionamientos sociales frente a los procesos detrás de la elaboración de los productos de las marcas, considerándolo ecológico y amigable con el medio ambiente y dándole el valor de la opción más viable para reducir el daño. Sin embargo, los consumidores solemos ir detrás de lo que se dice en redes, en medios o incluso lo que es moda y tendencia y en ocasiones el conocimiento sobre los efectos colaterales, los pros y los contras y las distintas posiciones que quedan de lado ya que por desinformación se crea una imagen errónea del panorama completo, en este caso de lo que hay detrás de estas nuevas propuestas de cuero “sostenible” que debería ser analizado y verificado desde varias vertientes.
¿Qué es el cuero animal y cuál es su impacto medioambiental?
El cuero es un producto derivado de la piel animal tratada con curtido y reconocidas propiedades de flexibilidad, resistencia y duración. En su artículo “Establecer un enfoque de economía circular para la industria del cuero”, Thomas Pringle afirma que la piel animal es considerada una materia prima transformada en cuero para una amplia gama de productos, que involucrarían diversos procedimientos de fabricación y que le permiten seguir siendo hoy una de las ramas más importantes de la industria de la moda y aunque las demandas por estos artículos siguen creciendo, las críticas y el escepticismo hacia esta práctica también lo hacen.
Estudios afirman que la industria del cuero ha sido catalogada como altamente contaminante ya que desde el comienzo para el cuidado de la cría se necesitan grandes cantidades de deforestación y uso de agua, generando mayor contaminación del aire y efectos del gas invernadero. Además y siguiendo el proceso del cuero al paso del curtido, es decir aplicar ciertos químicos para que este no se pudra, que es la fase más tóxica por el uso de metales pesados como cromo, aluminio y titanio que claramente son casi imposibles de purificar. En un estudio realizado por Human Rights Watch en Bangladesh, los trabajadores de las curtiembres están expuestos a problemas respiratorios y de la piel y las personas que viven cerca de estas fábricas han venido padeciendo dolencias provocadas por la extrema contaminación de la atmósfera, el agua y el suelo a causa de las curtidurías.
Por último, no podemos olvidar el uso de animales en condiciones “desfavorables” que mueren constantemente para la obtención de este material. Según afirma la organización sin ánimo de lucro PETA, “la mayoría del cuero proviene de países en desarrollo como India y China, donde las leyes de bienestar animal no existen o no se aplican”. Una investigación descubrió en India que los trabajadores les rompen las colas a las vacas y les frotan chile y tabaco en los ojos para obligarlas a levantarse y caminar, cuando colapsan por agotamiento en el camino hacia el matadero. En Estados Unidos millones de vacas y otros animales que matan para obtener su piel padecen los horrores de las granjas industriales (amontonamiento y carencias extremas, así como castración, marcación, corte de cola y de cuernos) sin analgésicos.
Lo anterior lo podemos describir como algo completamente aterrador, atroz e inaceptable que deja al consumidor con una sola opción y es negarse rotundamente al uso de pieles de animal dentro de sus compras y exigirle a las marcas parar con esta crueldad, algo más fácil que dejar de comer carne, si tenemos en cuenta que hace parte de una de nuestras necesidades biológicas pero si lo vemos en realidad a profundidad, se enfrenta a las mismas polémicas porque el punto focal es el sufrimiento animal.
Con respecto a la sustentabilidad del cuero animal, se afirma que inevitablemente existirá debido al consumo de carne, y que aunque sigua evolucionando para responder a las expectativas de la sociedad de ser sustentable, puede ser inherentemente ecológico a través del proceso correcto.
La “alternativa sostenible”: cuero vegano
El nombre de cuero vegano viene de la definición por excelencia de que nada de su producción o ingredientes provienen de origen animal. Está diseñado para imitar el cuero real y está hecho de diferentes tipos de plásticos, lo que nos da a entender que no es un producto inventado hace 1 o 2 años porque en realidad es el resultado de décadas de evolución de la polipiel o cuero sintético. Este siempre ha sido un buen aliado del Fast Fashion y fue creado para responder a la demanda creciente del cuero y sus altos precios, ofreciendo alternativas más económicas y similares al menos a simple vista.
Uno de los factores que más atrae a los consumidores es el hecho de que la piel sintética que es la que vemos y que utilizan en los almacenes como Zara, H&M, Mango, entre otros, en productos como carteras, pantalones o chaquetas, es mucho menos costosa que los productos de piel natural debido a que su costo de producción es mucho más bajo. Por otra parte, y si lo han notado cuando van a comprar cuero de origen vegetal, los precios de este son más elevados y sus fabricantes están en posición de cobrar estos precios porque los productos se consideran de alta calidad y más duraderos
Dado que el cuero tradicional afecta el bienestar animal y el medio ambiente, se prevé que la industria del cuero vegano tenga un valor de $ 89 mil millones para 2025, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 49,9 % durante el período de pronóstico de 2019 a 2025.
¿Y cuáles son las contradicciones?
El fast fashion es cruel para los animales y la salud del planeta, por esta razón no hay duda de que se deben adoptar fórmulas más sostenibles. Falta decidir cuáles. ¿Estandarizar la ropa vegana? Estas son las razones de polémica:
1. Vegano no siempre va a significar sostenible. El problema más grande es que hoy en día por el gran auge de esta terminología en tantas industrias, las marcas se han tomado el derecho de maquillar un poco sus etiquetas de sostenibilidad, cuando la verdad es que no cumplen con los mínimos requisitos para serlo y llega lo que muchos conocemos como “Greenwashing” que aparece cuando una empresa utiliza publicidad engañosa o falsa para decir que está haciendo más por el medio ambiente de lo que en verdad hace.
Un ejemplo de esto puede ser la marca Nanushka que según estudios, se ha convertido en una de las favoritas de todas las celebridades pero que a pesar de ofrecer un material libre de crueldad animal ya que según afirma su fundadora, Sandra Sandor “produce solo un tercio de las emisiones de la vaca”, es un cuero a base de poliéster y poliuretano, que es una combinación entre cuero vegano y regenerado. A pesar de que la marca y la elaboración de sus productos han reducido el consumo de agua, productos químicos y emisiones durante la producción por ser reciclables, el término «cuero vegano» se ha convertido en una herramienta publicitaria, libre de animales, pero no necesariamente biodegradable y ecológico.
2. Hay dos tipos de cuero vegano, el sintético y el de origen vegetal. El primero se hace con productos químicos que se producen ensamblando telas de plástico junto con el revestimiento. Se utilizan dos tipos de materiales para este fin. En primer lugar, está el policloruro de vinilo (PVC) el cual emite dioxinas, que son extremadamente tóxicas en espacios cerrados cuando se quema, ya que para ablandarlo utilizan plastificantes como los ftalatos que pueden dañar la salud humana. En segundo lugar, encontramos el poliuretano (PU) ambos parientes del petróleo que también utiliza químicos y componentes tóxicos.
La mayor preocupación a la hora de elaborar estas nuevas alternativas de cuero es el tiempo eterno que tardan en biodegradarse ya que entre el 70% y el 90% de estos plásticos termina en los vertederos o los océanos y es casi imposible que pueda hacerse algo distinto a dejarlo como un contaminante más. Sin embargo a medida que los consumidores adquirimos más conciencia, la demanda de alternativas a base de plantas ha aumentado, es decir nuestra segunda categoría de cuero, el vegetal que proviene principalmente de los desechos reciclados de la agricultura tradicional como la fibra vegetal, es muy solicitado y usado hoy por marcas que emplean cueros hechos de hoja de piña, corcho, algas, agave, piel de manzana, kombucha, champiñón que en teoría deberían facilitar un poco la cosa y ayudan a minimizar el impacto.
3. La producción de cuero vegano también hace más que dañar el medio ambiente. También contribuye en gran medida a la moda rápida, un problema que sigue siendo desenfrenado en toda la industria. Al ser sintéticos, estos materiales son mucho más baratos de producir y tienen un precio más bajo para los consumidores, lo que atrae el presupuesto de la Generación Z, que suele ser sensible a los costos.
En este caso y teniendo en cuenta los impactos ambientales que hacen parte de una de las 3 premisas para que algo pueda hacerse llamar sostenible, son mucho más manejables con un cuero vegano natural que con el sintético ya que este primero no solo consume menos recursos, en particular agua y productos químicos, sino que también genera menos emisiones de efecto invernadero.
Teniendo en cuenta lo anterior y gracias a investigaciones previas realizadas, por un lado, se puede afirmar con respecto a la sustentabilidad del cuero animal que inevitablemente seguirá existiendo debido al consumo de carne (algo que a pesar de haberse reducido sigue muy latente) y que, aunque todavía está evolucionando para responder a las expectativas de la sociedad de ser sustentable, puede ser inherentemente ecológico a través del proceso correcto.
Por su parte, si hablamos de la biodegradación de los dos tipos de cuero mencionados en este artículo y analizando sus respectivos ciclos de vida se ha comprobado que el cuero real se degrada más rápido que los materiales sintéticos. ¿La razón? El cuero natural se demora 50 años en biodegradarse ya que es rico en nitrógeno, oxígeno y carbono, elementos que los hongos y bacterias ingieren y esto permite que, si se deja el cuero en la naturaleza por ese tiempo, no se encontrarán restos de él. Por el contrario, los materiales sintéticos derivados del petróleo poseen suministros petroquímicos pobres en nutrientes para los microorganismos que en un caso diferente, podrían ayudar a su descomposición.
Existen conceptos erróneos y estereotipos de que el cuero animal es el mayor problema en términos de sostenibilidad. En resumen, debido a la biodegradabilidad y durabilidad del cuero animal, en última instancia, puede ser una opción sostenible, lo que llevaría a creer que la utilización del término vegano en un material que no sigue practicas completamente sostenibles, no es el correcto.
¿Y entonces, cual es la mejor opción?
Como bien sabemos, es muy difícil afirmar cuales son las mejores soluciones frente a un problema que concierne a todo y a todos y que es explorado desde tantas ramas y perspectivas.
Lo anterior son los datos de consumo que tenemos disponibles actualmente y es necesario aceptar que el cuero y todas sus alternativas tienen mucho que ofrecer a la industria de la moda. Sin embargo, la decisión del tipo de cuero o material que como consumidores queremos comprar es algo muy personal y que se inclina a dar solución a uno de varios problemas y a la prioridad que podemos llegar a darle a distintos factores que afectan hoy la industria de la moda y la manera como queremos que sea.
La industria del cuero animal ha mejorado su impacto ambiental al reemplazar químicos tóxicos por otros más naturales en los procesos de fabricación e incluso muchas de las marcas afirman el buen cuidado y la vida digna de los animales que usan durante el proceso de la creación del cuero. La industria del cuero “vegano” ha enfocado sus esfuerzos en vender un material alternativo a la crueldad animal, pero con elementos tóxicos para el medio ambiente como el plástico y los artificiales.
Dos opciones, una decisión que como consumidores debemos tomar repensando nuestros patrones de consumo, cuestionando los procesos y los materiales e informándonos lo mejor posible. No se trata de condenar una u otra opción, pero como en muchas otras industrias debemos ver más allá de lo que parece ideal, de lo que parece la solución a todos los problemas, por que en ocasiones esto es simplemente una estrategia de venta o posicionamiento que nos puede llevar incluso a cuestionar todo lo que ha existido por miles de años por una moda o tendencia.
Para evitar el greenwashing y contribuir genuinamente a un cambio que te permita ser un consumidor más responsable, te aconsejo:
1. Hazte la pregunta: ¿Realmente necesito ese producto? Si lo vas a comprar porque te pareció buena idea, debido a que la etiqueta dice verde y 100% sostenible, te estás equivocando.
2. Ser más curioso sobre el origen de lo que estás consumiendo, de qué está hecho, o cómo se produce.
3. Consulta en el website de la marca que te interesa la información con respecto a su impacto social y ambiental y busca que sea coherente. Las firmas comprometidas con esta tendencia acostumbran a hacerla pública y comprobable.
4. Analiza si la marca ofrece una posibilidad de tratamiento post consumo, con la finalidad de saber qué se puede hacer con el producto al terminar su ciclo de vida útill.
5. El hecho de contar con alguna certificación internacional es un factor que le otorga credibilidad a la firma. En el caso del sello B, por ejemplo, garantiza que hay una coherencia en el actuar de las compañías. (Si lo tiene, mucho mejor)
¿Qué opinas tú? ¿Cuál de las opciones te llama más la atención?